Calandria de tolvañeras núm 5 / 2 de diciembre  de 1985

 

 Poemas de Max Rojas

 

Luz, luz enemiga

 

Cómo daña tu luz, cómo destroza.

Implacable aniquila, desbarata.

Roe y corroe. Amarga es, y despiadada.

Es implacable.

Yo estuve ya en tu luz. Quise ser ella.

Por tu impiedad tizne quedé; quedé en tu brasa.

La brasa me llagó: me fui al olvido;

llagué al olvido, me volví a la sombra;

llagué a la sombra: me adentré en la noche;

llagué a la noche: me incrusté en la nada;

llagué a la nada:

                                   ya de la nada nada queda.

 

 

Agua sedienta

 

 

Agua yo fui, pero agua calcinada.

Agua de sal me amagulló la herida.

Mi luz se acaba;

mi rechazada luz, mi luz huraña.

Fuiste tierna o rencor o amarga o triste.

Yo te quiero.

Agua yo fui, agua sedienta.

Quise hundirme en tu bosque.

Rencor, o ya no sé: fuiste dulce o sombría.

Yo te amo siempre que atardece.

 

De agua fui, pero de agua calcinada;

agua de sal llegó de ti, agua salobre.

Hecho de sal estoy, de agua salada.

Tan tanta tanta sed, cómo se apaga.

 

Huraño amanecer

 

Huraño amanecer, alba enemiga, luz

que como un muro frente a mí se alza.

sombra: sé fiel:

Detén esta caída.

Esa luz no, que me enceguece.

Guárdame, mar: sé insondable.

No dejes que esa luz penetre

en mi silencio.

Luz, luz enemiga: qué rencorosa.

Huraño amanecer, alba sombría

la que a diario sin ti llega a sajarme.

 

Búsqueda de un cuerpo

 

Esta búsqueda atroz, que ya termine;

este mordisco, no, que me desgarra.

Ven. Mi sombra no te hará nunca más daño.

Se ha ido ya, sobre cristales rotos;

se ha ido ya, pero ha dejado las guitarras.

Vuelve. Es un clamor. Regresa.

Un huraño sonido nos espera,

un territorio de aves o de espinas nos acoge.

Es un clamor. Regresa:

Idos, mis cirios, campanas tañen tenuemente

su clamido: vuelve.

Ya. Esta búsqueda atroz, que ya termine,

que ya cese este constante deshacerse.

Estoy al borde. Vuelve.

Pájaros: decídmele que vuelva,

que ahora mis manos son helecho

y no, nunca jamás le harán más daño.

Campanas: tenues tañed clamando su regreso.

 

Pero ya: que esto termine;

este irse apenumbrando entre el olvido,

este yacer entre herrumbrados fierros,

esta batalla atroz por hallarme en tu cuerpo,

que terminen.

–¡Adiós!

 

(Cuánta tristeza, amor, cuánta tristeza.)

 

 

Soliloquio del suicida

 

Me voy, o hace tiempo

dejé que se pudrieran las manzanas.

Fui, pero no: siempre estuve de oscuro.

Silencio y sombra me habitaron.

 

Me acribilla tu luz, luz enemiga,

la rencorosa luz que de tu cuerpo llega.

 

En la noche me adentro. Allí me ahosco.

Navaja sedienta ya se acerca.

 

 

Epitafio del perro

 

Fue de sombra.

Aquí no está sino la sombra

de la sombra de un hueco que una vez

cavó buscando el alba.

 

(Jardín pleno de luz le fue vedado.)

 

Se devolvió a la sombra.

En soledad su sombra y su ladrido

siempre estarán huyendo entre la sombra.

Nunca jamás habrá perdón para él y su alarido.

Nunca hallará la paz su imagen de suicida.

 

Relación del sediento

 

Sed. Cuánta. Qué ansias. Cómo quema

este hierro en la garganta,

este alarido.

Qué de ansias de apagar esta llaga.

Esa mano. Clavo ardiente es tu mano.

Cuánta sed. Hace frío.

Sal es el agua. Sales del agua

hecha sombra hecha hierro que destroza.

Cuánto polvo. Qué de sed da ese polvo.

Vete, o no: ven; ven a mi lado.

Cuánta sed; cuánta. Qué de derrumbes.

Cuánto arde tu tizón; ese hierro.

Ven. Sé labio: empápame. O durazno, no sé.

Empápame. Sé jardín o paloma. Pero ven.

Otro hierro ya no, que ya es bastante

éste que en tu impiedad hierro me está

mascando todo.

Esa mano ya no, que me destroza.

Cuánta sed da ese hierro. Qué de polvo.

Qué de remordimiento en ese hierro.

 

Otro ya no. Esas uñas ya no.

Piedad.

                        –¡Cuánto desastre!

 

 

 

 

Algo cruje

 

Algo cruje; ciertamente algo cruje.

Madera o mundo o muerte ya cansada

cruje;

ciertamente algo cruje, roe campanas,

masca niebla; algo mastica huesos

de angustiadas palomas.

Algo cruje; ciertamente algo cruje;

caen sonidos o golpes de azadón

o alguien escombra piedras

o quién va hacia mi hueco,

pero no, y sigue de largo.

Ciertamente algo cruje, algo en alguna parte

se está muriendo a escombros,

algo se está viniendo abajo.

Tristeza o soledad o rabia oscura:

qué desolado mundo sin ti se desmorona.

 

Vidrio fuerza cristal

 

Fue, o este desastre.

Se derramó la sed

–y cuánta lengua calcinada

bebe salitre o ansias de ser cuerpo.

Empapado de sed vidrio fuerza cristal

o lame ya osamentas de paloma.

Caen cristales o venas.

La noche es ya crujir de qué mordiscos:

parió la noche canes,

campanas ya no son sino desastre.

La muerte ya jardín

                                   –qué sed la que la acecha.

 

 

 

Viaje, al fin

 

He de cortar amarras. Ancla:

cómo duele dejar estas orillas.

Qué velaramen ya derruido.

Cómo duele alejarse de ese cuerpo ya sombra

que fue isla.

Ya no hay nada.

 

Despedazado caracol: cuánto silencio.

Estuve. Qué tristeza. Este destierro.

Amor: isla que ya.

Qué naufragio.

Adiós.