Calandria de tolvaneras No. 2   16 de noviembre de 1984

 

Poemas de Roberto Bolaño

 

 

Estos patios parecen playas

 

para Mara Larrosa

 

La madrugada es de los sobrevivientes, un guerrero que siempre

ha sido pobre, que nunca ha dejado de amar. Nuestras chaquetas

blancas de escarcha y suspiros, nuestros besos más bien la cer-

teza de sabernos acorralados por el beso, nuevo y peligroso. O

Carla diciendo inventar otras armas para la revolución, lo co-

tidiano destazado; y su hijo de año y medio ha encontrado el

puente para comunicarse con nosotros a través de la palabra pa-

to. Qué si no el amor, el deseo –quizás unos muslos abiertos ba-

jo mi peso–| de evitar la carrera loca por el iris de tus ojazos.

Qué, dime, o mañana aún es temprano, o toda la vergüenza aún

no aflora, y quién entonces aflora, o mírame a mitad de este

puente contemplando peces voladores sobre un río sepia, rostros

prehistóricos en las nubes que irremediablemente se ahogan, se

confunden con la neblina de la ciudad, murmurando pato, pato, pato, pato...

 

                                                                                                                      1975

 

Vive tu tiempo

 

pero cuál es tu tiempo el tiempo

de la vida arrinconada por extrañas luces el

tiempo del sueño cargado de adolescentes el tiempo

de la soledad en carnicería el tiempo de los senos ensalivados

el cuello rojo vive tu tiempo querida

pero bajo qué condiciones pero sobre cuántos

cadáveres pero en medio de qué guerra de cuántas sensaciones

en pugna (de dónde llegaste tan bonita no sé no sé

no sé) vive tu tiempo querida

que las luces se enciendan para ti con dulzura

que los sueños inventen héroes de mejillas blancas

de felicidad que la soledad te sea un ejercicio

amoroso que forniques una vez a la semana por lo menos

y que tu tiempo se alargue como una caña de bambú

por la columna vertebral del que ames

 

 

                                                                                                                                 1975


 

 

Composición de Cecilia en el molino

 

Está rodeada de malos dibujantes y en su mano sostiene

una taza de bakelita con té. El cabello amarrado,

un cintillo de trigo, lacio sobre la espalda.

Su cara es extrañamente fea, el cuerpo largo como

escultura de Giacometti, y en un intervalo dice

que le gusta que la pinten y que está caliente

como lobezna, ayer no durmió bien.

Rodeada de dibujantes americanos, Carla y yo

la contemplamos cuando la luz de los focos de 200

se posan en sus senos. Su cuerpo se proyecta

hacia su cuerpo, "y no es vanidad" dice.

Una modelo mental, pero sus nalgas de almendra

y su maxifalda tirada junto a mi chaqueta

1a desmienten: esta niña puede 1evantarse

en cualquier momento y correr. Un dibujo

proyectado hacia el futuro, cada 1ínea

una raíz vertiginosa, contornos de pupila loca.

Cada cuerpo se proyecta hacia otro cuerpo,

aun la muerte es una ronda, astutos y bellos.

0 una hoja de encino que sube ante el asombro

de los paseantes, moviéndose en el fondo

de una acuarela alba, que es mirada con tristeza.

0 los recuerdos de mares espumosos y caletas

sombrías, expresados mientras posa con los brazos

en las caderas, el pelo es una nube, y sonríe

como si tuviera en su lengua un gajo de naranja

y todos lo ignoraran.

¿Es bueno ser bella y no comprenderlo?

Ya entonces está sola y la tarde se desliza

por las paredes del estudio. Y ella se cubre con un trapo

húmedo, como si esperara a alguien.

 

 

                                                                                                          1976

 


 

 

Extraño maniquí

 

a Jorge Pimentel

 

Extraño maniquí de una tienda del Metro, qué manera de observarme

y presentirme más allá de todo puente

mirando el océano o un lago enorme

como si de él esperara aventura y amor

Y puede un grito de muchacha en plena noche

convencerme de la utilidad de mi rostro

o se velan los instantes, placas de cobre al rojo vivo

la memoria del amor negándose tres veces

en aras de otra especie de amor

Y así nos endurecemos sin abandonar la pajarera

desvalorizándonos

o bien volvemos a una casa pequeñísima

donde nos espera sentada en la cocina una mujer

 

Extraño maniquí de una tienda del Metro

qué manera de comunicarte conmigo, soltero y violento

y presentirme más allá de todo

solamente me ofreces nalgas y senos

estrellas platinadas y sexos espumosos

 

No me hagas llorar en el tren naranja

ni en las escaleras eléctricas

ni saliendo repentinamente a marzo

ni cuando imagines, si imaginas, mis pasos de veterano absoluto

nuevamente bailando por los desfiladeros

 

Extraño maniquí de una tienda del Metro

así como se inclina el sol y las sombras de los rascacielos

irás inclinando tus manos

así como se apagan los colores y las luces de colores

se apagarán tus ojos

 

¿Quién te mudará de vestido entonces?

Yo sé quién te mudará de vestido entonces

 

1976

 


 

Los motines

 

 

Cuando lleguen los motines los viejos poetas chilenos

saldrán a la calle a ver qué pasa

Cuando lleguen los motines la angustia alquilará un cuarto en un hotel

de mala muerte y ahí reposará hasta suicidarse

Cuando lleguen los motines a los viejos albañiles chilenos

les crecerán alas y podrán jugar a caerse de las construcciones

y los pájaros se pondrán a caminar por las calles ya cansados

de construir nidos solamente

Cuando lleguen los motines los viejos cantantes chilenos

entonarán boleros en los boliches perdidos del desierto

y serán fosforescentes como el pájaro que perseguía a los mineros

Cuando lleguen los motines los viejos abogados chilenos

podrán pasarse todo el día en el cine –la platea desierta de butacas

donde los comandos prenden fuego para calentar la comida

–estos hombres conversan de cualquier cosa

Cuando lleguen los motines los viejos motines chilenos llorarán

de nostalgia y pena por no estar vivos

y los waters estallarán y todas las cañerías en el horizonte negro

van a ser un puro nudo empapado de mierda

Cuando lleguen los motines la vieja cordillera de los Andes

se va a derrumbar para que los argentinos puedan venir a Chile

caminando, para que los poderosos se vayan a esquiar a Suiza

si todavía tienen ganas de esquiar

Cuando lleguen los motines hasta la vieja Patrona de Chile

atenderá un prostíbulo aprovechándose de las circunstancias

Cuando lleguen los motines los liceanos chilenos dibujarán

en los pizarrones un pene sonriente y las liceanas dibujarán

un clítoris en pose de victoria y juntos

liceanos y liceanas pintarán flores versos metralletas

Cuando lleguen los motines los viejos militares chilenos

bailarán una cueca frente al mar

y todas las ballenas acudirán a ver tanta maravilla

y abrirán sus fauces de ballenas para que por el mundo

haya miles de jonases

Cuando lleguen los motines los viejos los viejísimos enamorados chilenos

se dirán adiós adiós para siempre

y los ojos de los jóvenes serán policromados

como una máquina del tiempo,

serán húmedos y bellos como las hojas que el viento arranca

Cuando lleguen los motines

 

Roberto Bolaño

y Bruno Montané 1977